domingo, 30 de abril de 2017

(2015) Michel Houellebecq - Sumisión

Islam, religión, crítica literaria, Huysmans, Francia


"Había que rendirse a la evidencia: llegada a un grado de descomposición repugnante, Europa occidental ya no estaba en condiciones de salvarse a sí misma, como no lo estuvo la Roma antigua en el siglo V de nuestra era. La llegada masiva de poblaciones inmigrantes impregnadas de una cultura tradicional marcada aún por las jerarquías naturales, la sumisión de la mujer y el respeto a los ancianos constituía una oportunidad histórica para el rearme moral y familiar de Europa, abría la perspectiva de una nueva edad de oro para el viejo continente. Esas poblaciones eran a veces cristianas; pero, por lo general, había que admitirlo, eran musulmanas.

Imagine la siguiente situación: una saltadora de pértiga se prepara para su salto garrocha al hombro. Inspira profundamente y visualiza los aproximadamente cuarenta metros de carrera que tiene delante de sí. Traga saliva. Visualiza a continuación el momento crítico, el acople de la pértiga en el cajetín. La palanca ha de ser perfecta y debe proyectarle a las alturas para, en un último y heroico impulso de brazos, arrojarle por encima del listón. Si lo consigue, la caída será dulce; pero si derriba el listón, las dudas le asaltarán y será presa de la decepción. Finalmente, nuestra saltadora echa a correr. Se trata de un sprint recio, de espalda recta y brazos firmes sujetando la pértiga. Apenas dura unos segundos. El momento clave llega, pero se desarrolla sin imprevistos: la pértiga se clava mientras la palanca la contorsiona y propulsa a nuestra heroína, que se transporta en el aire hasta las alturas. Pero algo extraño ocurre: al aproximarse nuestra saltadora al listón, éste se difumina, desapareciendo finalmente como si de una ilusión óptica se tratara. Pero no es lo único que desaparece, la colchoneta sobre la que tenía que caer y el suelo bajo sus pies se transmutan en vacío. La caída será infinita. En ese preciso instante, una conmoción invade el ánimo de nuestra saltadora, que entiende que el esfuerzo realizado ha sido en vano y las consecuencias... 

Esta pequeña escena puede entenderse metafóricamente. Europa sería nuestra saltadora; la distancia de cuarenta metros, el Antiguo Régimen; el cajetín sería la Ilustración; la pértiga, la Revolución Francesa; la trayectoria ascendente del salto, la fe en el progreso; la caída, finalmente, sería el nihilismo que, a su vez, puede entenderse como la pérdida de sentido que proporcionaban los viejos sistemas metafísicos y religiosos. Despedirse de la carcunda para abrazar lo improyectable.

Así por lo menos lo interpretaron los primeros nihilistas rusos a mediados del siglo XIX. Aquel movimiento tenía más de intelectual que de revuelta activa contra la tradición. Salvo casos esporádicos, su activismo era de gabinete. Su lucha fue generacional, rebelados contra el idealismo optimista de sus padres, al que opusieron un frío y cínico materialismo. En el plano político, abrazaron las nuevas ideas liberales, socialistas y anarquistas. Y bastante antes que Nietzsche, dieron sepultura a Dios. Si miramos al mundo tal y como es hoy, con unas estructuras políticas que se caen a pedazos —aunque por razones diferentes a las de entonces—, con nuestras redes sociales permitiéndonos luchar contra las injusticias de nuestras sociedades y cambiar el mundo en pijama desde el salón de nuestra casa, podemos afirmar con rotundidad que el siglo XXI pertenece a los viejos nihilistas rusos.

O al menos eso se desprende de "Sumisión", la última novela de Michel Houellebecq, l'enfant terrible de las letras galas. "Sumisión" se ambienta en el año 2022 y plantea una premisa perturbadora: los partidos políticos tradicionales se han ido por el sumidero del retrete y el Frente Nacional y el Partido Islamista Moderado encabezan las encuestas con las elecciones presidenciales desarrollándose a la vuelta de la esquina. Ante tal estado de cosas, la comunidad judía está batiéndose en retirada hacia Israel y, en el seno de la Sociedad, empieza a percibirse un cierto recato en la indumentaria, una cierta mutación de las costumbres sociales y, en definitiva, un runrún extraño. Todo ello como si el zeitgeist presagiara un punto de inflexión histórico, un agotamiento definitivo de las certezas liberales y socialistas, y en donde Francia —lo que es tanto como hablar de la propia Europa— se abocara a la necesidad de crear un nuevo mito fundacional poniendo un ojo y el otro también en el pasado.

Pero "Sumisión", en realidad, no es una novela de política-ficción, sino que es, muy por encima de este aspecto, un relato que pretende profundizar en la decadencia de su personaje protagonista. François es profesor universitario y da clases en la Sorbona. Su tesis doctoral versó sobre Joris-Karl Huymans, el novelista francés que tuvo tiempo durante su vida de abrazar el naturalismo, el decadentismo y el catolicismo (pero no al mismo tiempo), y ésta le perseguirá toda su vida como una obsesión. En plena crisis de la mediana edad, hastiado de su labor académica de la que no ve posible recoger nuevos frutos, con una vida sexual intermitente y una vida sentimental inexistente, François contempla los acontecimientos que se suceden a su alrededor desde una perspectiva ausente y ciertamente solipsista.

Este solipsismo de François, muy en la línea de El Extranjero de Camus, puede llegar a resultar exasperante para cierto tipo de lectores. A pesar de que su flujo de conciencia es rico en detalles y matices —la novela es muy psicológica—, François se comportará como un imbécil en más de una ocasión. Su trato con el sexo femenino la mayor parte del tiempo tendrá tintes estúpidos, cuando no repugnantes —marca de la casa—. Houellebecq apostará a poner la mayor parte de los frutos del relato en el análisis psicológico. Y la principal virtud de este análisis psicológico será la de presentarnos a nuestro protagonista a través del análisis que él mismo hace de Huysmans.

Porque Houellebecq se servirá de su personaje protagonista para elaborar una profunda y detallada descripción del escritor decimonónico. Las observaciones de François en ocasiones pecarán de resultar irrelevantes o no tener un objeto claro, y esto perjudicará en algunos momentos el avance de la lectura. Sin embargo, trocarán en fascinación cuando nos demos cuenta de que el propio Françcois no es sino un remedo de Huysmans. Es a través de la decadencia de éste que comprenderemos la decadencia de aquel. Y será través de la decadencia de François que entenderemos la decadencia de Francia.

"Es la sumisión —dijo en voz queda Rediger—. La idea asombrosa y simple, jamás expresada hasta entonces con fuerza, de que la cumbre de la felicidad humana reside en la sumisión más absoluta. Es una idea que no me atrevería a exponer ante mis correligionarios, que quizá la juzgarían blasfema, pero para mí hay una relación entre la absoluta sumisión de la mujer al hombre, tal como la describe Historia de O, y la sumisión del hombre a Dios, tal como la entiende el Islam".

"Sumisión" trajo mucha polémica en el momento de su estreno porque coincidió con los atentados contra la revista satírica Charlie Hebdo que conmocionaron a la opinión pública. Houellebecq se vio obligado por convicciones morales a renunciar a seguir presentándola. Pero en cierta forma, aquellos atentados no solo fueron una infeliz casualidad, sino que también refutaron la posibilidad de que la premisa del libro pudiera llegar a producirse. Un hecho que no ha visto sino acrecentarse con los atentados que se produjeron en Noviembre de 2015 en la sala Bataclan y alrededores y, posteriormente, con el atentado en Niza de Julio de 2016. Comento esto porque, a falta de una semana para la resolución de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas que enfrentarán al socioliberal Macrón y a la ultranacionalista Le Pen, hay que reconocerle al bueno de Houellebecq el haber planteado una premisa que si bien no se va a producir, resulta verosímil. Al menos sobre el papel.

Porque lo que resulta fascinante a priori de la novela, a saber, su potente ambientación en un futuro próximo donde dos alternativas espeluznantes se disputan el poder en Francia, al final resulta el punto más débil del libro. Y esto no ocurre por la plausibilidad o ausencia de ella en lo que se nos narra. De acuerdo, Houellebecq yerra en sus predicciones, y probablemente lo hace de la manera más trágica posible, aquella que nunca hubiera deseado como contraejemplo de sus pronósticos. Pero no me refiero a eso. El problema es que el desarrollo de los acontecimientos políticos y su análisis por parte de Houellebecq a menudo resulta un tanto superficial y frívolo. La destreza con la que trabaja las interioridades de su personaje protagonista no solo opaca sino que llega a ridiculizar todo lo que a su alrededor ocurre. No es un error monumental en la medida en que se comprende que a Houellebecq lo que le interesa es presentar, en último término, una sátira perversa del proceso de decadencia de occidente a través de la interioridades de su personaje. El contexto es solo el pretexto.

El sardónico sentido de la sátira de Houellebecq vertebra una novela de interpretación serpenteante. Y es que "Sumisión" es una novela difícil. Puede llegar a indigestársele al lector si éste no es consciente de lo que tiene entre manos. No es un libro de anticipación, pero al mismo tiempo nos habla muy claramente del futuro. Y no es una crítica social, a pesar de que posee los mimbres para serlo. El nihilismo y el individualismo de su protagonista pueden llegar a ser repugnantes, pero representan la decadencia de una civilización de la que él no es más que un simple corolario. Y las disquisiciones sobre Huymans pueden llegar a desesperar, pero solo hasta que comprendemos que tanto Huymans como François son el trasunto de una idea, la decadencia, presentada hasta sus últimas y absurdas consecuencias.


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